Horizontes transparentes

Horizontes transparentes para tantas mujeres

Horizontes transparentes para tantas mujeres

 

Hace pocos días volví ver la película Jane Eyre, versión de Fukunaga de 2011. Aprovecho para decir que me gustó más que la versión de 1944 de Stevenson. Estoy segura que el hecho de que el actor principal en la de Fukunaga sea mi admirado Michael Fassbender tiene mucho que ver.

En un momento determinado Jane, comenta algo así como que, desde siempre, desde que recuerda su vida, siempre había existido un horizonte por ser mujer y que ahora tenía desasosiego al sentir que había la posibilidad de saber qué había tras ese horizonte. Lo más seguro es que mi memoria me falle y esa no sea la frase exacta, pero era más o menos así. La escena es maravillosa, con la luz tan tenue, el paisaje sombrío de acantilados y llovizna, el desconsuelo que se esconde en los ojos de Jane al pensar en su triste existencia y la turbación ante los sentimientos reprimidos. Represión, qué palabra tan dificil y tan explotada; vocablo que ha abierto la puerta a grandes conquistas humanas y también ha aprisionado tantas voluntades.

Instantáneamente cogí un papel para escribir lo que yo pensé en ese instante. No quería que se me olvidase pues fue un pensamiento muy intenso y sopesé que probablemente querría escribir sobre ello. Anoté “en qué instante en el tiempo la mujer empezó a ser considerada un ser inferior en la mayor parte de los aspectos de la vida en las sociedades llamadas desarrolladas”. Si cuestiono  qué me llevó a escribir esto no lo sé. Pero estuve discurriendo sobre tantas mujeres que durante años han vivido tras un horizonte creado, casi siempre por otros y, algunas veces, por otras sin darles la posibilidad de opinar. Pensando en  tantas protagonistas reales silenciosas de vidas parecidas a la de  tantas protagonistas sobre el papel de autoras/es como Brontë, Austen, Flaubert, Dostoiévsky que se mueven como marionetas dirigidas en espacios hipócritas y castrantes.

Esos horizontes transparentes, absolutamente estancos, de tabiques formados a base de prejuicios, aprensiones, intransigencias que a lo largo del tiempo se fusionan con el entorno y se vuelven mazmorras aceptadas por el colectivo igualmente sumergido en lo que se entiende es lo correcto y aceptado por los “bienpensantes/bienhacientes”. Transparente, una bella palabra que forma parte constante de nuestro blog pero que en este contexto se convierte en una calificativo totalmente despreciable por las abominables connotaciones negativas de un uso mal empleado. En este caso, las barreras invisibles, que se adivinan, pero no se comentan; esos impedimentos sociales cuales  inmovilizadoras cadenas traslúcidas a los ojos de aquellos que por comodidad, desidia o aprensión no fueron (han sido) capaces de enfrentarse a los convencionalismos.

Mi contemplación hacia tiempos pasados y al eje de este escrito, y las preguntas continúan en mi cabeza: ¿Cuándo las mujeres fueron consideradas menos interesantes, inteligentes, adaptables? ¿En qué minuto de la historia la mujer pierde su valor en el grupo? ¿Por qué en un momento determinado fue necesario apartar a la mujer del entorno social como miembro activo del mismo?. Y, por favor, pido encarecidamente que si alguien tiene una respuesta humanamente válida, me la remita. Y digo humanamente intentando obtener una explicación antropológica, ya que el objetivo principal de esta ciencia, entiendo,  es la explicación analítica de lo universalmente humano y separarlo de aquellas concreciones culturales que distinguen unas sociedades de otras.

Reflexionemos un poco sobre tantas mujeres apasionantes cuyas esplendorosas aportaciones al universo intelectual, emocional, mental nunca salieron al exterior de sus propios sentimientos y quedaron encerradas tras esos horizontes comunitarios transparentes y se perdieron entre paredes de ganchillo, piano cocina y rezo. Qué desperdicio de aportaciones brillantes. Qué tristeza de abandono sensorial y que poca luz. Pero las mujeres somos perseverantes, luchadoras, y espectadoras presentes. Y a lo largo de los tiempos hemos seguido persistentes, buscando nuestro sitio legítimo en la colectividad humana. Nuestras abuelas, sus madres, sus antepasadas que han sido tan importantes. No sé si ya hemos alcanzado nuestra posición. Pero eso no es lo importante. Lo que cuenta son las ganas de seguir creyendo en nosotras mismas, en nuestro esfuerzo y dedicación. Y pensar que siempre hay un lugar para cada una de nosotras.

“Hasta en una vida tan triste como la mía no faltaba alguna vez un rayo de sol”

   Jane Eyre..

Anuncios

2 pensamientos en “Horizontes transparentes

  1. Yo créo que las mujeres han sido siempre menos valoradas y, eso ha venido sucediendo desde la edad de piedra, en donde el hombre iba de caza (era el más fuerte) y la mujer encendía el fuego y limpiaba las pieles.
    De todas maneras, ahora y sobretodo en el momento que la mujer se incorporó al mundo laboral y se vió dueña de tomar decisiones y de ganarse la vida, se hizo fuerte y la igualdad se ha hecho más patente.

    Me gusta

¿Qué opinas? Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s